Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

Lugar para encontrarse con Dios

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Historia del Monasterio

Historia del Monasterio

Nuestro monasterio sabemos que existía en 1139, porque el caballero don Pedro Fernández dona la hacienda que poseía en la Villa. Este monasterio de Villamayor se puso bajo la advocación de San Vicente diácono y mártir, del que eran muy devotos los españoles del Medioevo. Y su primer Abad se llamó Severino.

Por otro lado, sabemos de un matrimonio que tuvo que ver en la implantación de Cister en este mismo monasterio de San Vicente. Don García Fernández y su esposa doña Mayor Arias, miembros de la corte del rey Alfonso VIII, compartían el deseo común en los linajes cristianos de perpetuarse espiritualmente en una obra religiosa de acuerdo con sus posibilidades materiales. Sarcófago del fundadorDeseaban erigir una institución eclesial o monástica que recibiera sus cuerpos tras la muerte y les acompañase con sus plegarias y alabanza hasta la resurrección final. La reina Leonor Plantagenet y de Aquitania, para entonces viuda del rey Alfonso VIII, y otros miembros de la realeza cobraron gran confianza en Don García, eligiéndole para su mayordomía. Y él supo valerse de sus cualidades para sacar adelante su intención.

El 9 de Enero de 1223, tras una serie de negociaciones, se hizo con el monasterio de Villamayor y con el debido permiso eclesial, implantó el Cister. Acudió a la comunidad de las Huelgas Reales de Burgos, únicas con capacidad suficiente para iniciar una fundación monástica.

En resumen, antes de adquirir nuestra autonomía como monasterio cisterciense, fuimos aceptadas y reconocidas por la Orden como filiación de las Huelgas. Por nuestro origen somos, espiritualmente hablando, ‘nietas' de la casa madre de las Huelgas Reales, es decir del monasterio que actualmente conocemos como Santa María de la Caridad, en Tulebras (Navarra), que fue la primera implantación de Cister femenino en la península Ibérica, con casa ‘madre' en Fabas (Francia), que a su vez es ‘nieta' de Tart (Francia), primera comunidad femenina de la Orden.

Carta fundacionalComo todo monasterio cisterciense se consagró a la Virgen María, con el nombre de Santa María, la Real, quedando bajo la tutela de la abadesa de la casa madre, doña Sancha. En pocos años (4 de Marzo de 1228) tuvo su propia abadesa en la persona de doña Marina, cuñada de don García.

Nuestra presencia cisterciense en Villamayor de los Montes, sólo ha conocido una breve interrupción de 10 años (1617-1627), motivado por la ambición de los poderosos. En este caso fue el Duque de Lerma, que en su empeño de convertir su villa en capital política, religiosa y artística, nos concentró allí, a nuestras antecesoras junto con otras comunidades femeninas de diversos carismas. La iniciativa no satisfizo a nadie, menos aún a las monjas literalmente secuestradas y víctimas de sus maquinaciones. En cuanto les fue posible abandonaron al Duque, de vuelta a la libertad de la que Cister siempre hizo gala y que les ofrecía su apartamiento claustral. Hoy nos recuerda este suceso, nuestra sillería labrada en madera de nogal, adquirida con parte de la indemnización que la Casa Ducal se vio obligada a pagarnos.

Si nos limitamos a referiros una de las huellas que el paso del tiempo ha respetado de la espiritualidad cisterciense vivida en nuestro Monasterio, sin duda esta es la de nuestro claustro, dedicado a San Roberto de Molesmes, como deja constancia una talla en piedra en el centro de este precioso espacio cuadrado.

En él, todo habla de los valores espirituales que Cister cultivó, y legó a sus hijos y a la humanidad entera, hechos arte y arquitectura. Sin duda, por ser estas unas de las mediaciones más directas para hablarnos de la Belleza, de Dios. Sin meternos en otro de los campos artísticos donde Cister evolucionó mucho como fue el de la Liturgia.

Claustro de VillamayorEl cuadrado está presente en la planta que forman sus cuatro crujías, en el corte de la piedra, en las basas de las columnas,...con ello nos remite al número cuatro, el número que Nuestros Padres conocían como el de la perfección y que nos remite a Dios. Es el claustro un espacio privilegiado al que abren sus puertas todas nuestras dependencias más significativas (la Iglesia y el coro, la Sala Capitular, el refectorio, los locutorios). Por él debemos necesariamente transitar para nuestros desplazamientos de una a otra oficina. Y por ello es un espacio de "liberación", un margen temporal que se nos concede para la reflexión e interiorización, en nuestro discurrir por los diferentes quehaceres de la jornada monástica. De la oración pasas a la refección, de la atención a los huéspedes y visitantes pasas a la recepción de formación por parte de nuestra abadesa, etcétera.

Así Dios va labrando en nuestra piedra su obra de restauración. Cuando el continuo circular de cada una de nosotras ha hecho romas las aristas donde se encuentran estas cuatro pandas que configuran el claustro, entonces de cada una de nosotras se puede decir que Dios ha hecho una monja, pues el cuadrado se habrá vuelto círculo, el cuatro se habrá convertido en uno, lo dividido se habrá unificado, el hombre se habrá hecho uno con Dios.

El ‘paradisus claustralis', como llamamos los cistercienses a nuestro claustro, lo forman cuatro pandas. En ellas se distribuyen las estancias remitiéndonos a las cuatro dimensiones del hombre: Espiritual o la que linda con la Iglesia y más asoleada, por donde el monje paseaba mientras bebía de la Sagrada Escritura; la panda que remite al Alma (animalis) que discurre tangente a la Sala Capitular en donde nuestra alma es alimentada por la predicación de la Abadesa; enfrente el ala Social de contacto y compartir con nuestros contemporáneos que viven fuera de este apartamiento; y frente al ala espiritual, la otra llamada Carnal, que nos remite a la realidad de las moradoras que somos espíritu y alma y cuerpo, allí se dispone la cocina, la despensa y el refectorio.

 



Reportaje sobre nuestro claustro

DIOS NOS HABLA A TRAVÉS DE NUESTRAS PIEDRAS

Agradecidas al Sagrado Corazón de Jesús

Nuestra comunidad está en deuda con el Corazón de NS Jesucristo

Nuestro claustro

Explicado desde su sentido espiritual más profundo

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Monasterio de Villamayor de los Montes Publicado el sábado, 30 de mayo de 2020

Vicente, Sabina y Cristeta mártires

Celebramos a los patrones de nuestra localidad

Monasterio Cisterciense
Santa María la Real


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