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Enseñanzas de san Bernardo

Hemos seleccionado tres temas de entre su basta doctrina

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Qué piensa San Bernardo del lugar del estudio y la ciencia en la vida espiritual            (cf. Sermón 37)

 El lugar de la Ciencia es anterior al momento en el que se nos revela la Verdad plena. La Ciencia esBiblioteca universitaria imperfecta, limitada; propia de los que ponen la mirada en lo que se ve; sus bienes son caducos, temporales.

No poseíamos nada que nos permitiese conocernos ni conocer a quien nos engendró. Pero Dios se adelantó, buscando a los que son incapaces de buscarle, nos atrajo. Así, de forma gratuita, por su Misericordia y su Gracia somos engendrados por el Verbo. Gracias a este nuevo nacimiento podemos buscarle en espíritu y verdad, dado que «Dios es espíritu».
Nos vamos distanciando de la falsedad y del engaño. El hombre responde con la búsqueda de la Sabiduría
; se inicia en el hombre el “Studium”- profundo y ardiente deseo* de configurarse con Cristo.(Eso es lo que etimológicamente significa este término latino)*

A través del Estudio el hombre manifiesta ser consciente del espíritu que ha recibido, que viene de Dios. Son personas que poseen vida espiritual- guiada por el Espíritu-, viven de la fe, ‘estudian’ los caminos del Señor, las Escrituras, buscan lo de arriba, en donde encuentran bienes espirituales y eternos.

El Estudio es experiencia del deleite y apetito insaciable que causa la Sabiduría.

Cómo relaciona el conocimiento de sí y la humildad (Cf. Sermón 36)

 Todo empieza desde una mirada “interior”, la del corazón. Lo segundo es: hacia dónde va dirigida esa mirada -hacia arriba es una mirada propia de “los que se apoyan firmes en Dios”, hacia abajo es una mirada de “los que están en sus pobres pensamientos”.

 El hombre encorvado sólo aprecia las cosas terrenas, lo que hay fuera de sí. Dentro sólo es capaz de ver miseria y no se soporta a sí mismo. Está pendiente de lo que ocurre a su alrededor; se le va el corazón en pos de lo que ve, aun sin verdadera necesidad de ello. Se guía a sí mismo, carente de discreción, y se vuelve exigente y murmurador (sin espíritu de pobreza)

 San Bernardo da gracias a Dios por los que viven ajenos a estos ‘pobres pensamientos’, prescinden de los que le rodean, sino es para fijarse en uno o dos hermanos de los más adelantados espiritualmente, con el deseo de emularles en sus ansias de Dios y en la ascesis que viven.
 Fijar la mirada del corazón en los aspectos más perfectos de los hermanos te ayuda al conocimiento propio. Por este conocimiento nos mantenemos en el camino que lleva a la verdad. Aunque posees bienes, otro hermano posee otros bienes de los que careces. Los desearás y tratarás de alcanzarlos por la imitación.

Te colocarás en el lugar que te corresponde: ¡detrás del hermano!; siempre considerarás superiores a los demás. Por eso dice que la auténtica humildad consiste en fijarnos en lo más perfecto.

 Por el contrario, el que se entretiene en sus propias cualidades y en los defectos ajenos, se pone por delante- soberbia- y se autocompadece de su mucha exigencia- por creerse tan adelantado- cayendo en la tibieza.

En qué consiste eso de la voluntad propia en San Bernardo.

Es una de las dos lepras del alma. Al leer lo que escribe San Bernardo acerca de la voluntad propia, no deja la menor sombra de duda de que nos encontramos ante la peor enfermedad que puede padecer el hombre y el único mal que debemos temer.
Desde su primera transgresión, el hombre siente un amor innato a su voluntad propia, a ser independiente de su Creador. La libertad -que es una capacidad exclusiva del hombre- queda sometida a Satanás, totalmente desordenada, por eso la voluntad propia corrompe hasta lo más santo y bueno.

Pero permanece su libre albedrío, su capacidad de consentir o rechazar lo que le presenta la razón.
 La voluntad reside en el alma racional y lo suyo es saborear lo espiritual, pero si ‘se vuelve’ hacia todo lo que atrae el cuerpo, se hace esclava de sí misma y resiste a la voz divina que le orientaba hacia lo común. Por ello dice que es el peor enemigo del espíritu de discreción y ciega la razón.

Su peligrosidad se ve aumentada por el hecho de ser una enfermedad interior. San Bernardo habla de la estela de desorden que deja a su paso como el mejor medio para detectarla. La agitación, la ansiedad, la intransigencia y el vicio de singularidad denotan la existencia de la voluntad propia. También el hecho de incapacitarnos para relacionarnos con los hermanos o el no vivir concordes. Es imposible armonizar la voluntad propia con la Verdad, o lo que es lo mismo, con el Amor, en resumen, con Dios que es a quien se ha rechazado- rechazo que constituye la raíz del mal-.

 Mientras la voluntad propia se desliza sigilosa por lo escondido, la Verdad está en medio, se presenta "a las claras", sin tapujos ni ambigüedades.Pinocho-la mentira Está en la observancia, en la vida común y en la voluntad de la mayoría.

Cuando se percibe que emerge la voluntad propia a través de alguno de sus desórdenes característicos, debemos negar nuestro consentimiento ‘cortando por lo sano’. Bernardo aconseja: ‘recíbanse con la voluntad los mandatos de los superiores, y evítese que el corazón haga reflexiones personales’.

Para el monje la mortificación y renuncia de la voluntad propia es una ‘cautividad elegida’. Y es muy importante no perder de vista lo que dice San Bernardo sobre esta renuncia, que no es un fin, sino un medio para cosas mejores:
Renuncia – con la obediencia – ‘derrocha obediencia y recibirás sabiduría’ – al gustar qué sabroso es el Señor, dejan al punto de ser impuros… y se alcanza el FIN, a saber, la gloria de Dios y el provecho del prójimo.

 El punto de partida es Dios, de quien nos alejamos rechazando sus inspiraciones; el fin que perseguimos es volver a Dios acogiendo lo único que puede ayudarnos, su gracia y servirle con gusto bajo una LEY COMÚN.



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