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Madre Rosario, compartiendo en Adviento

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Y el turno es para Madre Rosario, nuestra querida subpriora!!!!!

Mi experiencia de la Misericordia en este Año, según la doctrina del Papa Francisco
1.-Me ha ayudado a profundizar en la persona de Cristo, que es la misericordia de Dios hecha carne:
lo manifiesta en hechos y lo proclama en palabras.
Cuántas veces he meditado en esta frase: «Dios rico en misericordia,
por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados,
nos ha hecho vivir por Cristo
» (Efesios 2,4)
Este año se me ha abierto un poco más el Misterio del por qué de la Encarnación del Verbo:
la vida de Jesús según la voluntad del Padre; su mensaje de amor y
misericordia que llegó al extremo de dar su vida por sus enemigos;
vencedor del pecado y de la muerte; resucitado de entre los muertos y
está sentado a la derecha del Padre en su gloria, donde continúa siendo el Salvador.

2.- De este amor, la Iglesia se hace sierva y mediadora de la misericordia ante esta humanidad.
Donde está la Iglesia allí debe estar la misericordia del Padre, en las parroquias,
en las comunidades…donde quiera que haya cristianos,
cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia.

Como bien dijera Juan XXIII en la apertura del Concilio Vaticano II:
“en nuestro tiempo, la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y
no empuñar las armas de la severidad, quiere mostrarse madre amable de todos,
benigna, paciente, llena de misericordia”.

En resumen, pienso que nuestra comunidad debe ser oasis de misericordia.
Como la Iglesia es la gran familia de Dios y los que la componen tiene defectos,
imperfecciones, pecados…así también nuestra comunidad está compuesta
de diferentes miembros, con nuestras aristas y fallos de fábrica.
Lo importante es darnos cuenta, ser conscientes de ello,
que somos causa de dolor e inquietud para las demás…
es en ese momento cuando encontramos la misericordia de Dios,
 que siempre nos perdona a través de las hermanas concretas.
Es cierto que es una ofensa a Dios y a la hermana y a la vez,
también una oportunidad de humillación para darnos cuenta de que
existe otra cosa más bella: la misericordia de Dios.

Por eso, me animo a no permanecer estancada, pues
el agua que no corre se corrompe. Hay que caminar, un paso cada día.
Si yo busco al Señor, Él me acoge cada día, me hace levantar de nuevo y
me siento plenificada. «Aunque una madre se olvidara de su hijo,
yo no te olvidaré jamás
» (Isaías, 49,15) Y esto, creo que todas
lo hemos experimentado. Dios piensa en mí,
Dios se acuerda de mí, yo estoy en la memoria de Dios.

3.- La fe no es una cosa decorativa, no es vivir la vida con fervor,
como si fuese un pastel que se decora con nata,
- como los que hacen tan ricos nuestras pasteleras-;
la fe comporta elegir a Dios como el Dios de nuestra vida.
«No anteponer nada a Cristo», nos dirá San Benito.
Después de haber sido llamadas a esta vida monástica,
no debemos actuar con rutina, levantarnos, comer, descansar,
sin más…Dios tiene un rostro concreto: Dios es misericordia,
Dios es fidelidad, es vida que se entrega a todas y a cada una…

Que todas estas cosas tan preciosas que he leído en este Año de la Misericordia,
vayan calando en mi vida y en la vuestra.
Este es el regalo que os ofrezco en este Adviento.  Madre Rosario



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