Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

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Meditaciones sobre la fe

compartir de nuestra hermana Sonia

FOTOPosando en el claustro.

Posando en el claustro.

Reunidas en la Sala Capitular, Sonia nos habló de lo que había profundizado en su lectura espiritual.

¿Qué es la fe?

FOTOSonia- con chaqueta gris- junto a Ana María, Aurora y Leonardi.

Sonia- con chaqueta gris- junto a Ana María, Aurora y Leonardi.

Es la participación en la vida de Dios, es la experiencia de la vida de Dios en nosotros, que permite vernos a nosotros mismos, y a la realidad que nos rodea, como si lo hiciéramos con los ojos del Señor. La fe es adherirse a la persona de Cristo, de nuestro maestro, Señor y amigo, es apoyarse en Cristo, la roca infalible de nuestra salvación, abandonarse a su infinito poder y a su amor ilimitado. La fe se convierte en una búsqueda incesante de la inagotable misericordia de Dios, y la espera; esperar que todo nos llegue de Él, y no perder la esperanza si no empezar a ponernos en sus manos y que sea Él, el que nos guíe, que él nos llevara por un camino seguro.
Dios busca continuamente una respuesta de amor verdadero. Él quiere ser el único apoyo, un verdadero tesoro y el gran amor de nuestra vida. “Dios que no quiere compartir con ningún otro dios el corazón de sus fieles. Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios más que holocaustos”.
Una cosa nos pide Jesús, que nos apoyemos en Él, que nos entreguemos a Él sin reservas.
Dios quiere que permanezcamos fieles por amor, hasta el final, en espera de una vida eternamente feliz con Él después de la muerte.
Que nuestro corazón diga cada día a Dios: «Tú eres mi refugio y mi escudo, yo espero en tu palabra».

Cuando se desmorona el sistema de seguridad, solamente queda la desesperación o la fe; una terrible desesperación o una fe heroica.
Si no hay en ti locura de fe, y si no confías hasta el extremo en el loco amor que Dios siente por ti, tu avance por la senda de la fe seguirá siendo a paso de tortuga, o incluso retrocederás. Al edificar tu fe se profundizará sólo cuando aceptes que Dios sea tu único apoyo y tu única seguridad. Él tiene derecho de exigirte que le entregues todo hasta el total abandono. Porque somos una obra maestra de su amor, Él es nuestro creador".

Para llegar a la madurez de la fe tendrás que experimentar más de una vez la falta de tu propia madurez. Primero tienes que ser humilde y entonces, ira creciendo en ti la fe. El Espíritu Santo descendió y espera que tu corazón se abra plenamente en su venida y esto será posible cuando vayas creciendo en humildad y fe.
miedoGracias a la fe, Cristo se convierte gradualmente en la luz que ilumina toda la vida del hombre, cada momento de tu vida es un momento de encuentro con esta presencia que te ama.
Todo lo que te sucede está relacionado con el amor de Dios que te ama, con su deseo de tu bien. Él está presente en tu vidaindependientemente de lo que hagas. Él está, Él, Cristo, está incesantemente sumergido en el amor misericordioso de Dios que jamás te abandona, Él está siempre junto a ti, y siempre te ama. Todo momento de tu vida está impregnado del amor de esa presencia que te abraza sin cesar.
«Mira que estoy a la puerta y llamo» (Apocalipsis 3,20)
Es verdad. Estoy a la puerta de tu corazón, de día y de noche. Aun cuando no estás escuchando, aun cuando dudes que pudiera ser yo, ahí estoy: esperando la más pequeña señal de respuesta, hasta la más pequeña sugerencia de invitación que me permita entrar. Y quiero que sepas que cada vez que me invitas Yo vengo siempre, sin falta. Vengo en silencio e invisible, pero con un poder y un amor infinito, trayendo los muchos dones de Mí Espíritu. Con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Un amor en cada detalle, tan grande como el amor que he recibido de mi Padre. «Yo los he amado a ustedes como el Padre me ama a mí..»(Jn15-10)
Cristo espera que nos abandonemos plenamente a Él, un total abandono de nosotros mismos en él.

Jesús nos exhorta a la conversión, nos exhorta a que nos libremos de las tensiones excesivas. Hemos de ser como los lirios del campo y como las aves del cielo, que Él, el Señor verdadero, ama, y de las cuales Él mismo se preocupa. Dios nos pide cada vez más que confiemos en Él, aprender a amarle de verdad y sentir y vivir su amor para poder hacer sentir y darlo a las hermanas. Amar y dejarse amar por Él, y porque dando es como se recibe y amar a Dios significa recibir su amor. «Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). Gracias a la presencia de nuestro prójimo, la vida cotidiana se convierte en un reto para nuestra fe, porque es la fe la que nos permite ver a Dios en el prójimo.

La fe, para ser verdadera, debe ser un amor entregado. El amor y la fe van de la mano. Se complementan el uno al otro.

         La fe actúa por la caridad (Ga 5,6) y en el amor encuentra su plena vida e invita a la convivencia, a la comunión con Dios y con las hermanas. Dios te revela su amor, que recibes a través de la fe, para luego derramarlo sobre los demás. El abandono en Dios por medio de la fe se adquiere en el amor. No es tan importante lo que hacemos, como el por qué lo hacemos, la cantidad, como la calidad de nuestras obras, la energía, sino "el amor empleado"… las montañas que movemos. Tenemos que mover las montañas, las buenas intenciones solas no sirven para nada. No son nuestro trabajo lo que Dios quiere sino el amor con que esos trabajos son realizados. Confiemos más en Él, quitemos todas las cosas que nos separan de Él, agarrémonos a su amor, que le seamos agradecidos por todo, porque gracias a Él existimos, glorifiquémosle porque cada día nos regala un día más, hay muchas cosas por las que tenemos que agradecerle: Por la vida, la familia y por la bella creación del mundo, por la  inmensa misericordia colmado de bondad para con nosotros, etc. Nos nos quedemos siempre en el pasado;duda cada día Él nos da una nueva oportunidad para que le demostremos nuestro amor, nuestra gratitud, y nuestra alabanza. Es verdad que a veces nos alejamos queriendo hacer nuestra propia voluntad, sin hacerle caso, pero al final nos damos cuenta de que sin Él nada bueno puede ser. Volvemos a Él porque nos damos cuenta de que Él es el nuestro camino, nuestra fuerza y nuestra esperanza, y el único que nos puede ayudar y que nunca te ha fallado. Y Él siempre como un padre lleno de amor nos espera con los brazos abiertos, y conmovido sale a nuestro encuentro, y sin acordarse de nuestras infidelidades, si no que nos vuelve a recibir con amor, con alegría y fiesta. Dios se  alegra por volver a recuperarnos. Si nos diéramos cuenta del tan gran amor que Dios nos tiene, comenzaríamos a creer, a confiar en Él y empezaríamos a ver todas las cosas desde la fe y Él haría maravillas en nuestras vidas.
         Seamos como la Virgen María, la mujer del "Si", y como Jesús manso y humilde de corazón y obediente al Padre, hasta el final, y que se haga la voluntad del Padre, porque Él sabe mejor que nosotros lo que nos hace falta, y nos ama intensamente. Y confiar en el poder de la oración, y si le invocamos con fe, y de todo corazón nos escucha y nos ayudará, ya que la fe mueve montañas. Él es como un padre amoroso que se preocupa por nosotros y quiere lo mejor para sus hijos.
         Invoquemos siempre a la Virgen María nuestra Madre. Que ella nos cubra con su manto y nos guie hasta su hijo amado, porque María tu eres el camino más corto para llegar a Jesús...
         «Jesús manso y humilde de corazón, toma mi corazón y hazlo como el Tuyo».



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