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SAN BENITO ABAD-por la hermana Fides

Comentario al libro recibido en Cuaresma

FOTOLas hermanas Presentación y Fides en nuestra capilla

Las hermanas Presentación y Fides en nuestra capilla

SAN BENITO ABAD: PATRIARCA DE LOS MONJES DE OCCIDENTE- Eufrasio Carretón, OSB

benTodas las virtudes alcanzaron en aquel ser extraordinario un perfecto equilibrio. La figura de San Benito aparece providencialmente en el momento en que se derrumbaba, al golpe de los bárbaros, el edificio levantado por la Roma antigua.

Fue enviado a Roma cuando era todavía muy joven y durante algún tiempo escuchó las lecciones de los gramáticos, de los jurisconsultos, y demás sabios de entonces; pero su espíritu advirtió muy pronto los  serios peligros de aquella enseñanza, que tan claramente le hablaba de la resurrección pagana de la vida, de codicia y de vicios, y asustado también por la corrupción de costumbres, tan general en Roma, sintió miedo de niño desamparado.Una inquietud muy hondar comienza a trabajar su espíritu y termina por forzarle a “retirar el pie, que acaba de sentar en los umbrales del mundo y despreciar el estudio de las letras profanas, y, abandonando la casa y los bienes de su padres, decide hacerse  monje, para agradar sólo a Dios.

El joven siente, come los grandes santos, la nostalgia de la soledad, y huye secretamente de la ciudad. Caminando por las montañas y valles del Lacio, encuentra refugio seguro en Subiaco, donde poder seguir la invitación misteriosa de Dios. El temor de peligros influyó de manera decisiva en la resolución  que tomó el Santo, cuanto contaba unos veinte años y también fuertes deseos de paz para buscar a Dios en la soledad.
Por entonces, precisamente, el imperio romano agonizaba en una lucha de desesperación y de sangre, bajo la espada de los bárbaros. El poder Romano desaparecía con sus leyes, con sus costumbres, con sus artes, con su ciencia, con su religión, para dar lugar a la Europa Cristiana que nacía lentamente entre los escombros del mundo antiguo; y he aquí que el hombre destinado a cumplir con su institución monástica, esa misión de Cristianizar y educar a Europa, se retira al a soledad para entregarse a la vida  eremítica en la gruta de Subiaco.

La fama  de su santidad era ya conocido y encomiada en los lugares comarcanos, tanto que los  monjes de un monasterio de los contornos, vicovaro, le pidieron con mucha insistencia la dirección de su gobierno. La conducta de aquellos pobres monjes dejaba bastante que desear; por eso el nuevo Abad tomó, desde un principio, como asunto  obligado, la reforma de costumbres, la pureza de vida y el cumplimiento exacto de la Regla. Todos sus esfuerzos, toda su atención delicada, no pudieron rendir la independencia y la voluntad bravía de aquellos monjes. Arrepintiéronse éstos de haberle nombrado superior, y a tal grado llego su enojo, que intentaron deshacerse de él envenenándole; pero el vaso de vino que contenía el veneno, se rompió al recibir la bendición del siervo de Dios. El santo reprendió severamente tanta  maldad, y luego se apartó de aquellos monjes para ir a buscar un refugio en medio de las montañas.

Esta segunda retirada a la soledad fue sólo el reposo de ligeras horas. La fama de su nombre era ya conocida en la región, y, por otra parte, el número de discípulos, que deseaba ponerse bajo su dirección, iba aumentando de día en día. En aquel ambiente de paz un mal Sacerdote, mordido en su corazón de la envidia al ver que el santo obraba el bien, siente rencorosa saña contra él y trata de quitarle la vida enviándole de regalo un pan envenenado. Advertido el santo por inspiración divina de su mala intención, se valió de un cuervo familiar, que acudía a recibir de sus manos el diario sustento, para que llevase el pan adonde nadie pudiera encontrarlo. Más viendo que el Sacerdote Florencio no cesaba en su odio, sino que también se proponía pervertir a sus discípulos, comprendió que aquel  fiero instinto se dirigía sólo contra él y se marchó de subiaco. Entretanto, una puerta desastrada mata a su enemigo entre las ruinas de su casa, mientras se gozaba de la huida del santo.
San Benito llegó a ser el hombre más extraordinario de la Comarca: Mantuvo relaciones con todas las clases sociales, con los plebeyos y gente de la nobleza con los senadores del imperio y con los Reyes bárbaros.

El espíritu del Patriarca de los monjes de Occidente ha informado durante un milenio la vida religiosa de la Iglesia. Según los datos de un libro: Armarium Sacerdotis OSB por Ildefonso Munding Viena, 1912, han militado bajo la Regla  de San Benito:

-          62 Papas (25canonizados)
-          Más de 200 Cardenales
-          250 Patriarcas
-          1 600 Arzobispo
-          46 000 Obispos
-          7 Doctores de la Iglesia
-          21 Emperadores
-          26Emperatrices
-          42 Reyes (12canonizados)
-          45 Reinas(18 canonizadas)
-          4 500 príncipes y por lo menos 50 000 santos

El monje busca en el retiro del claustro su santificación por medio de la oración y del trabajo.             Sor Fides



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