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SAL DE TU TIERRA - por madre Rosario

Comentario al libro recibido en Cuaresma

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Sal de tu tierra- Jean-Guy Saint-Arnaud

SAL DE TU TIERRA- La aventura de la vida espiritual

 Cuando empecé a leer el libro me impresionó la expresión: “el libro que acabas de abrir es peligroso” y seguí con curiosidad por ver en qué acababa eso. “no me hago responsable de las consecuencias- dice el autor- su intención es embarcarte en una aventura arriesgada, la de descubrir ese mundo tan desconocido de la vida espiritual”.A PRIMERA VISTA, da la impresión de que sabemos de qué se trata, pero en el mundo actual, la fe y la oración han quedado trasnochadas e incluso rechazadas. Historias de nuestras abuelas que no tiene ya sentido para contar a los niños de hoy.La imagen del camino es uno de los símbolos más utilizados para expresar la riqueza de la experiencia espiritual. Recordemos la aventura de Abrahán cuando Dios le invita a desinstalarse y ponerse en camino hacia una tierra desconocida, aventura que se prolonga con el éxodo y el exilio y culmina con la subida de Jesús a Jerusalén. Esta aventura está ligada a la experiencia de la fe.He seguido leyendo los capítulos del libro con atención, y al pensar en compartir con vosotras algo, me ha parecido detenerme en este: la sorprendente oración de Jesús, porque me ha ayudado personalmente.¿Se quiere saber cómo orar de verdad para no vivir de ilusiones? No hay más que mirar a Jesús orando. Su oración no cayó en ninguna trampa.Su vida estuvo totalmente centrada en el Padre, su pasión por su Padre es el secreto de su libertad y de su total disponibilidad al servicio de los demás. Si la oración consiste en comunicarse con Dios, podemos decir que Jesús fue totalmente oración. Porque su relación con Dios fue en la gratuidad y en el respeto, en la confianza y en el amor. Es el deseo y no la necesidad, el abandono y no la obligación lo que preside siempre en las relaciones de Jesús con su Padre. ¿Cómo es nuestra oración? Es un interrogante para que cada una lo vayamos contestando en nuestro interior.El Dios de Jesús no es un dios lejano, extraño al mundo…el Dios que ora Jesús es un Dios que habita en su creación, que se hace cercano y que se ocupa de los seres que ha creado y mantiene la  existencia por amor. Es el  Dios con nosotros, el Dios vivo que sigue trabajando y nos invita a trabajar con él. Su Padre y él, siguen trabajando juntos (Jn 5,19). Es como si Jesús, antes de realizar actos importantes, expresara en la oración su deseo de situarse en la estela de la voluntad de su Padre. Es querer siempre hacer la voluntad de Dios, es abandonarse por entero a Él.Para Jesús no hay distinción entre lo sagrado y lo profano, no hay tiempos ni lugares sagrados, hay que orar siempre y en todas partes. Y orar es para nosotras una necesidad esencial porque todo lo tenemos que recibir de Dios.Jesús, seguro que oraba en todos los lugares:…los apóstoles se intrigaban al ver a Jesús retirarse para orar. Pero es que el mundo entero que Dios llena con su presencia, ese es el templo de Jesús.Hay que orar sin cesar, repite Jesús, esto supera nuestros límites, ¿cómo es esto, nos podemos preguntar? El tiempo de la oración no es para satisfacernos a nosotras mismas sino para introducirnos en la contemplación, es decir, en las disposiciones de comunicarnos con Dios, de exigencia de fidelidad que no da lugar al descanso. La oración nos va transformando en el amado.Orar a Dios siempre y en todas partes nos lleva a la libertad y a la verdad, este es el gran riesgo de la oración: entregarnos sin armas ni armaduras, en desnudez, a un Dios que es siempre más grande…es el Dios a quien seguimos.
Contamos con su presencia y ausencia, a la vez,Abrí a mi amor, pero mi amor se había ido.
Se me fue el alma tras él.
Lo busqué y no lo encontré, lo llamé y no me respondió.” (Ct 5,6)
Juan de la Cruz llega a reconocer en esto lo característico de Dios: “la mejor prueba de que se trata de verdad de Dios es que a menudo está ausente cuando lo buscamos y Dios está presente cuando no lo buscamos, incluso cuando acaso no deseamos su presencia”La aventura de la vida espiritual sería: Cuando somos jóvenes, conocemos a Dios del que nos hablan. Luego viene el descubrimiento del Dios que te habla personalmente al corazón y finalmente experimentamos el silencio de Dios, el Dios que se calla…esas noches nos abren al Dios verdadero, es un rasgo de madurez de la oración:

“No nos permitas olvidar nunca que también hablas cuando te callas, danos la confianza mientras aguardamos tu venida, de que te callas por amor, del mismo modo que hablas por amor. Por eso, tanto si te callas como si hablas, siempre eres el mismo Padre, el mismo corazón paterno, ya nos guíes con tu voz o nos eduques con tu silencio”. Amén

Madre Rosario



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