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sor Presentación-Compartiendo en comunidad

Sobre el Prólogo de la Regla de san Benito

En el mes de Diciembre se programan unas días para compartir, en la sala capitular, ante la comunidad. Todas las hermanas tenemos ocasión de exponer algo sobre un tema, elegido por la propia ponente. Puede tratarse de aquello en lo que meditamos, o quizás algo sobre lo que estamos estudiando,...
En estas líneas incluimos algunas de las aportaciones. Esperamos que su lectura os pueda servir de provecho, y os ayude a entrar en comunión con nosotras, vuestras intercersoras ante la Virgen, en la espera de celebrar nuestros misterios de salvación.

Os dejamos con la aportación de madre Presentación:

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PRÓLOGO DE LA SANTA REGLA

ESCUCHA Hija” (1ª frase del Pró.)Ya que en otras ocasiones insinuamos algo sobre la “escucha = (obsculta): primera palabra  del Prólogo,  me parece oportuno continuar buceando en esta línea. S. Benito no lo ha comenzado así al azar, sino conscientemente.
El Prologo de la S. Regla es uno de los documentos más valiosos  y bellos que nos ha legado el monacato antiguo.
Muchas veces he leído el Prologo, pero como es una mina sin fondo, a medida que una profundiza, puede ir asimilando- pasito a pasito- sus distintas facetas, que son múltiples.
Tiene  una variedad y riqueza de casi treinta grupos de palabras, que solas, o acompañadas de sus sinónimas, nos vienen a decir una sola: ESCUCHA. Podemos agrupar algunas: las tres primeras.

 3, Numero simbólico que nos evoca a la  TRINIDAD.
1ª- Palabras que significan oír,  escuchar: 10 veces2ª- Palabras que significan realizar, poner por obra, hacer algo, correr: 20  veces3ª- Palabras que significan docilidad, obediencia,  sumisión, agilidad: 11 veces

El lenguaje más habitual de toda persona es la palabra, aunque también hay otra forma de expresarse; los gestos corporales: las manos, el rostro, la música, el baile, la danza africana., pero la palabra es el medio más normal y privilegiado de la comunicación, oral o escrito.
La palabra (obsculta), no la volvemos a encontrar en el Prólogo, pero sí su sinónima, audire-que significa oír-. ¿A quién y qué tenemos que oír, o escuchar? ¿Quién habla, y qué dice? En la primera, lo que hay que escuchar son las enseñanzas del Maestro. Pero en las nueve restantes es la PALABRA DE DIOS, su voz divina, transmitida a través de las Escrituras. San Benito conoce, ama y valora la Biblia, su alimento cotidiano. Sus citas continuas nos lo demuestran.
Escuchar con atención. El verbo obscultare, deriva de la palabra española-auscultar-supone una atención profunda: Aplicar el oído para explorar los sonidos y ruidos en las cavidades del pecho y vientre. Un médico que ‘ausculta’ a un paciente, pone toda su atención en el oído para tratar de detectar los más leves síntomas de cualquier enfermedad; sabe que de su escucha depende la vida del paciente.”Habla. Señor, que tu siervo escucha

Tres aptitudes importantes para que se dé una escucha adecuada:1ª –Hacer silencio. Si de veras deseamos vivir atentas a la voz de DIOS, necesitamos silencio. El ruido y las prisas, no son buenas consejeras para escuchar, ni a Dios, ni a los hermanos. El silencio nos predispone a la acogida y receptividad.
2ª-Prestar atención: Solo  quien presta atención es capaz de descubrir a Dios en la naturaleza: las flores, los árboles, las piedras, el mar, la música, en la sonrisa, clamor y esperanza de nuestros hermanos los hombres; y muy especialmente en la Sgda. Escritura y en su misma PALABRA=CRISTO VIVO.
3ª – Estar Siempre disponibles
: Silencio, atención, escucha receptiva y disponible, es lo mismo que abrir el corazón y el oído interior depar en par. En el v.9 nos invita S. Benito a escuchar con atención, pero, además maravillados, como si fuera la primera vez que oímos la voz de Dios; una voz dulce, como nos dice en el v.19. La voz de Dios está siempre llena de amor y bondad.

En la historia de la salvación, Dios ha hablado a hombres como nosotros: Abrahán, Isaac, Jacob, Isaías…etc. Un Dios mudo, carecería de esta cualidad tan bella que nos ha dado a los hombres. Nuestro Dios es un Dios cercano, dialogante, sorprendente. El v.9, todo él es una referencia a Dios:
Para escuchar la voz de Dios, hemos de pertenecer a su verdadero rebaño. Solo sus ovejas le siguen, porque conocen su voz, pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, “porque no conocen la voz de los extraños” (Jn 10,4-5). Cuando no reconocemos su voz en la Escritura es porque Dios se ha convertido para nosotras en un extraño. “Solo el que es de Dios sabe escuchar su Palabra” (Jn 8,47) Cuando en las Sagradas Escrituras reconocemos “la voz del Amado” (Ct 2,8), inmediatamente se abren nuestros oídos a la escucha de la Palabra que da Vida.

A la Palabra de Dios debemos prestarle una atención despierta, actual, y acogerla como la más poderosa y entrañable de las palabras, la única que en realidad, vale la pena escuchar.
Toda la sabiduría y experiencia espiritual, le viene a S. Benito de la Palabra de Dios, a la que hace alusión constantemente, y sobre la que se apoya a lo largo de toda la Regla; así en el último capítulo nos dice:” ¿hay alguna palabra inspirada por Dios en el Antiguo o Nuevo Testamento que no sea una norma recta y segura para la vida del hombre?” (RB.73, 3)  
Ahora, en el v.24 le preguntamos al Señor diciéndole con el profeta ”¿Quién vivirá en tu tienda y descansará en tu monte santo?” La respuesta nos la da el salmo 14, en los dos primeros versículos:” El que procede honradamente y practica la justicia; el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua el que no hace mal al hermano..”. Danos, Señor el coraje y valentía para ser justas, decir la verdad, ser amables y cariñosas: servir a las hermanas en tu nombre, ya que al servirlas a ellas te servimos a Ti, Señor. Seguras de que si hacemos esto con fe, nos permitirás entrar en tu tienda y “habitar en tu monte santo”El v.33 del Prólogo nos dice, con una cita de (Mt7, 24): “El que escuchamis palabras y las cumple, es como el varón prudente que edifica su casa sobre roca, etcEscuchar y poner por obrasondos palabras que tienen que caminar al unísono para que den fruto. Esta es la forma más segura para que nuestra vida cotidiana adquiera firmeza, estabilidad y seguridad: “Cimentemos nuestra vida sobre la Roca firme que es Cristo”  (Continuaremos)

Jueves, 2ª semana de adviento 2014- Con María, la primera discípula de la “escucha”
Sor Presentación- Villamayor

 

 

 

 

 



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