Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

Lugar para encontrarse con Dios

Recordando a nuestra Madre Encarnación

La huella que ha dejado entre nosotras

FOTOM. Encarnación

M. Encarnación

M. Encarnación -89 años-:
 La 2ª más longeva de la comunidad; 63 años de vida monástica; 50 años de hortelana. Mayordoma, consejera, cocinera, enfermera. Una vida que ha dado mucho de sí. Con una rica vida espiritual, tuvo tiempo para todo, y eso que ha estado casi siempre enferma. Últimamente se cansaba mucho, pues tenía menos de un 10% de funcionamiento renal. Ya sólo paseaba despacio con su bastoncito, pero lo llevaba muy bien. No dejaba por nada el oficio Divino, la Lectio, el Vía crucis, el Rosario, asistencia a las reuniones comunitarias-, siempre que podía. De ahí sacaba fuerzas para caminar.
Su muerte, como su vida: sencilla y alegre. El viernes Santo empeoró. Durante la vela ante el Santísimo nos avisa la M. Abadesa, que el sacerdote llega para acompañarla en esos momentos. Mejoró un poquito.
El Sábado Santo nos pidió poder participar presencialmente en la Vigilia Pascual; terminó agotada, pero contenta. El Domingo de Pascua perdió el habla, y no podía ya pasar ni el agua. -Llegó su Pascua-. Con todo el conocimiento, el martes de la Octava, vimos que se nos iba. Cantamos las Completas con ella en la enfermería y terminada la Salvenos dijo ¡Adiós...! (Por señas, claro)
Al día siguiente celebramos su funeral; sólo el sacerdote y la Comunidad. Ocho hermanas llevando el féretro a hombros hasta el cementerio… ¡Bueno, que me estoy emocionando!

FOTOFlanqueada por Leticia, Anatolia y Florette

Flanqueada por Leticia, Anatolia y Florette

La Madre Encarnación me ha regalado un bonito testimonio de vida. … veía que a pesar de su edad y dificultades por su enfermedad siempre iba a rezar al coro y a donde fuesen las monjas. Me dijo algún día: «Despacito pero llego»…
…La Eucaristía fue bonita y solemne, nuestro capellán dijo una cosa que me gustó mucho y me he quedado: «Que viviéramos con la fuerza, el ánimo y la sonrisa de Madre Encarnación».
…Y ya al final las jóvenes llevaron el ataúd y como me quede de última, ayudando a otra Madre mayor, tuve la oportunidad de verlo de lejos y era bonito porque entre túnicas, capas y velos blancos pareció que era llevada por una nube a su última morada.

FOTOEn el centro de la imagen, desgranando la cosecha de habas

En el centro de la imagen, desgranando la cosecha de habas

El testimonio que más me sigue interpelando fue su amor y entrega en el trabajo; nunca me olvidaré de aquella tarde, cuando todas las jóvenes estábamos en la huerta trabajando y M. Encarna se acerca y me dice: «Me dais envidia». Yo la mire con cara de confusión, no podía entender sus palabras, quizás el calor y el cansancio me lo impedían. Pero, luego, durante la oración recordé, como muchas veces ella nos decía que había sido hortelana, durante cuarenta años en la huerta y que ahora a duras penas podía andar. Me llegaron al corazón sus palabras, ella quería y deseaba seguir trabajando en la huerta, pero su enfermedad, se lo impedía. Este hecho, me hizo reflexionar muchísimo y pensé: «Gracias Señor por hacerme ver, lo importante que es trabajar y aportar un granito de arena en bien de la Comunidad». Encarna sin saberlo me dio una gran lección, vivir con agradecimiento y entregada…

Madre Encarnación has sido un gran ejemplo, una monja totalmente entregada al trabajo, al servicio incondicional a la Comunidad. Siempre alegre. Veía en ella un Cristo sufriente. Sus bellos ojitos de gato me atrapaban, era una mirada tierna. Recuerdo que un día trabajando en la huerta me senté en la carretilla para descansar y tú Encarní me animabas. Pero más animo me dio verte trabajar, ya mayor, en medio de tu enfermedad, qué fuerte te veía… Decía que se sentía inútil, que ya no era la misma de antes, pero igual seguía ayudando en lo que podía, aunque fuera para dar indicaciones en algún trabajo…Cómo te recuerdo haciendo mermeladas; en la vaquería cascando almendras o en cualquier otro servicio… Admiraba la memoria que tenía, parecía un “disco duro”, que todo lo guardaba. Sencilla y muy agradecida.
Madre Encarna hiciste de tu vida como lo dice nuestra Regla: «Oración y trabajo». Después de una vida larga de entrega al trabajo, el Señor le concedió sus últimos años entrar en el sosiego, en el descanso, en el recogimiento. 

 Duerme en paz nuestra querida Encarna.


Más información en la web:

- Fallece nuestra querida Encarnación


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