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Cómo ¡Vivir! Cómo ¡Celebrar!- 2ª PARTE

LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS Y LA VIDA- por Madre Ana

FOTOOficio monástico en la capilla del Monasterio

Oficio monástico en la capilla del Monasterio

Continuamos con la exposición de Madre Ana:

VIVIR LA LITURGIA

 La celebración ha comenzado y nosotras estamos distraídas pensando en lo que tenemos que hacer después, o que hemos dejado el puchero en el fuego... ¿Cómo podemos lograr una vivencia más plena durante la celebración? La respuesta no es tan sencilla. Pero la clave la tenemos en la Regla de San Benito cuando pide a los monjes que mientras salmodian “lo hagan de tal manera que “nuestro pensamiento concuerde con lo que dice nuestra boca”.

Dos muestras:
1.- me doy cuenta de que al rezar las Horas, decimos como sin querer, verdaderas grandezas,  como quien no dice nada, decimos en la liturgia verdaderas enormidades. Y ahí está precisamente lo grande al rezar con ellas. Por ejemplo: “aparta de tu vista mi pecado”, “crea en mi un corazón puro”, “abre mis ojos a tus maravillas”…verdaderas enormidades porque Dios escucha allí mismo y al punto lo que decimos, y como no desea darnos otra cosa que eso, nuestras palabras, que encima son suyas, tendrán un cumplimiento efectivo, puntualmente, sin lugar a dudas. De este modo tendremos la alegría de pensar que Dios aparta de su vista nuestros pecados, que nos va a dar un corazón puro, que nos abrirá los ojos a las maravillas de su ley…enormidades que lo extraño es que no os maten allí mismo por el mero hecho de decirlas con sencillez pero con fe convencida.
2.-otro aspecto valioso de la oración litúrgica que podríamos ver en una interpretación más profunda de la frase de San Benito, significaría que hemos de orar de forma que lo que decimos lo digamos en serio, para que nuestras palabras modelen nuestra alma y nuestro corazón, es decir, nos mentalicen para todos los momentos de la jornada lo que decimos al orar. Es decir, que oremos abandonándonos a la acción que Dios realiza en nosotras al poner en nuestros labios sus palabras, las de su Espíritu, en definitiva... Dios nos modela transformando nuestro espíritu en el suyo por la repetición sencilla de sus palabras. Decir lo que decimos nos marca no ya solamente por un efecto psicológico, sino también  por el hecho de que estas palabras son utilizadas por Dios en nosotros con ese fin.

 Entonces, vivir la liturgia es pasar por el corazón todo  aquello que se nos propone a la oración, y a la escucha  en esa celebración. Esto no excluye una momentánea distracción, que no debe agobiarnos, pero sí que pide un esfuerzo de atención a lo que estamos haciendo. Así, poco a poco, lo que escuchamos, lo que oramos, lo que leemos, irá quedándose grabado en el corazón.

 compartir la lituSugerencias concretas:
a) evitar en lo posible las distracciones y vivir en un ambiente de concentración. Somos conscientes de lo complejo que esto puede resultar en muchas ocasiones por las diversas circunstancias, pero siempre hay que intentar volver al corazón, retornar a la oración.
b) hacer nuestras las actitudes de aquello que oramos o escuchamos, o leemos. Por ejemplo, la plegaria eucarística se vivirá mejor  si se conoce bien el texto, y se va siguiendo adoptando una actitud  interior de ofrenda de una misma, que desea asociarse íntimamente al sacrificio de Cristo.
c) las celebraciones litúrgicas son, por su propia naturaleza, comunitarias. Vivámoslas como tal, sabiendo que nos unimos a nuestras hermanas y a toda la Iglesia en una oración común. Respetemos por tanto las dinámicas comunitarias, en cuanto a posturas, gestos, actitudes, que resaltarán la unidad del Cuerpo de Cristo.
d) tengamos claras las prioridades en la celebración. De nada nos servirán las celebraciones perfectamente cantadas o ejecutadas si no son vividas interiormente. Por muy bien que celebremos si no vivimos lo que hacemos, seremos, en palabras de San Pablo, unos platillos que resuenan, nada más.



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