Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

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No quiso poner título a su meditación. Y tú ¿Qué título le pondrías?

FOTOLeonardi, la segunda empezando por la izquierda, junto a sor Amada, M. Anunciación y Sonia.

Leonardi, la segunda empezando por la izquierda, junto a sor Amada, M. Anunciación y Sonia.

Dios es Amor.
¿Amamos a Dios? ¿Cómo lo sabremos? Por sus efectos.

El amor sale fuera de sí, se une al amado y busca el bien del amado. Sale fuera de sí. El amor hace que el amante se olvide de sí mismo para pensar en el amado. Salir de si, olvidarse de sí, eh aquí el primer efecto del amor. Amarás a amor fraternoDios, si piensas a menudo en Él. El que mucha ama se acuerda con frecuencia de Dios.
El amor presupone el sacrificio. Es imposible amar a Dios con verdad sin sacrificarnos por Él.

Esto hace malas las tendencias que quedan en el hombre, aun después del bautismo. 

«El que quiera venir en pos de mí que se niegue a si mismo tome su cruz y me siga» (Mt 16,24). «Cristo padeció por vosotros y os dejo ejemplo para que sigáis sus pasos» (1P 2,21).

Dios cuida de mí. Amor es darse al amado, confiar todo en él. «Los cabellos de vuestra cabeza están contados» (Mt 10,30). Dios entablará una vida de familiaridad. Somos hijos suyos; quiere que gocemos de sus paternales ternuras. Me hará dulce el trabajo. Los trabajos no los llevaré sola. Cristo estará a mi lado.

¿Qué podemos temer de unas manos llagadas?
La preocupación que Dios tiene de nosotros es la misma que tiene una gallina con sus polluelos o la que siente la madre por su hijo. «Os llevare pegados a mi pecho y os arrullare sobre mis rodillas. Cuidaré de vosotros como una madre cuida de su adorado hijo» (Is 62,12).
Amor y sacrificio son necesarios e inseparables.
Amor sin sacrificio sería sospechoso, y sacrificio sin amor sería nulo, de ningún valor delante de Dios. No hay mayor sacrificio por amor que Jesucristo mismo. Quien aprende a sufrir, aprende muchas cosas. Y una de ellas es a amar. Es muy grande la sabiduría que comunica al alma el sufrimiento. La cruz es el verdadero punto de vista de este mundo que nos rodea.

cariño de madrePoco ve quien no mira desde ahí. No pueden ver mucho los ojos que no han llorado mucho. Es preciso el sufrimiento, la cruz; la cruz no despide de sí resplandores, si no es al contacto de un corazón encendido.
Acepta en fe y en gratitud que Dios te ama: Te ama desde siempre y para siempre. Porque te ama, Dios está más cerca de ti cuando más necesitado te encuentras.
Te asegura Él: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza» (2Co 12). Como dice San Juan de la Cruz. «Más vale estar cargado junto al fuerte que aliviado junto al flaco. Cuando estas cargado junto a Dios estas junto a Dios, que es tu fortaleza, el cual esta con los atribulados, y los débiles.»
Una madre sufre por su hijo enfermo pero, como sufre por amor, su sufrimiento es menor. “Todos perecerán y tu permanecerás» (Sal 101,27). Dios nunca deja de amarnos. Es más fiel que los hombres. Es nuestro redentor. ¡Le hemos costado tan caros! Que somos un tesoro valioso para él. Por eso ha dado la vida por nosotros, porque nos ama. Que el Señor nos dé algo de su sabiduría para comprender que lo único que realmente cuenta en esta vida y más allá, es adentrarse sin miedo en su Océano de Amor: recibir y compartir su amor. ”Nosotros amemos, porque Él nos amó primero” (1Jn 4,19).
No podemos dar lo que no tenemos, si no tenemos amor no podemos dar amor. Hasta el corazón más duro necesita amor y no dejar que el amor se enfrié, que no dejes que se seque porque con tu amor puedes alegrar a muchos corazones roto que han sufrido. El amor es paciente y servicial es la base de todo y es fundamental en nuestras vida.

Pidamos a María y a Jesús el don de su Amor para poder irradiar ese amor a todos nuestros hermanos que tanto lo necesitan.                                                                                                          Hermana Leonardi



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