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RELATIVIDAD DE LAS CRIATURAS EN SAN RAFAEL, MONJE CISTERCIENSE

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MARTANuestra hermana Marta nos aportó su reflexión cuaresmal, acerca del libro que se titula: "El deseo de Dios y la ciencia de la cruz", donde un monje del monasterio cisterciense de san Isidro de Dueñas, hace una aproximación a la experiencia religiosa del Hermano Rafael, canonizado el pasado 2009. Se centró en el cómo llegó a relativizar las criaturas, en su búsqueda y encuentro con Dios.

FOTOdibujo del hermano Rafael

dibujo del hermano Rafael

La relatividad de las criaturas (que no es absoluto)

 La voz de Rafael, se eleva como la de un profeta:

Una sola cosa me hace sufrir en el mundo y es el olvido de las criaturas a su Creador… En su época de madurez habla de sus ganas de gritar por el mundo, de hecho no puso gritar con palabras porque su vocación era el silencio, pero sus escritos constituyen el grito prolongado y silencioso, su único mensaje: no hay más dios que Dios... quisiera volar por el mundo a todos sus moradores…¡Dios ¡… ¡Dios!... sólo El ¿Qué buscáis? ¿Qué miráis? Pobre mundo dormido que no conoce las maravillas de Dios…”

 Para él, el mundo se encuentra en situación de “olvido”. En una carta a su tío le dice: “¿Verdad que en el mundo tiene más importancia una buena cosecha que una buena comunión?... por eso quisiera volverme loco, loco de Cristo decirle con todas las fuerzas de mi alma… Sólo Dios, hermano Sólo Dios.” 

raf-1En su juventud nos cuenta su afición a contemplar la naturaleza para, desde ella, elevarse hasta Dios.
Ocupa un lugar importante, sobre todo en los primeros escritos. Dios está en todo y lo penetra de tal modo que llegará incluso a escribir que todo es Dios.
Al ver ese mar tan grande pensaba en Dios… y después pensaba: ¡qué pequeño es el mar!... tiene un límite, una superficie y una profundidad. Dios mío… Dios no tiene límite y cuando nos hundimos de verdad en Él… entonces no vemos nada, le vemos a Él en todo, todo lo es Él”.

 Sentía una Gran atracción por las grandezas naturales, ante las que experimentaba su propia pequeñez y en las que veía reflejada la grandeza infinitamente mayor de Dios. 

De modo más familiar escribe a su tío:  “Muy hermosa es a veces la criatura, pero su vista nos distrae del Creador”.

 Esto que se inicia en sus primeros escritos, será la dominante en la época de madurez, sobre todo cuando la experiencia intensa de soledad, en que vivirá, le aleja del contacto directo con la naturaleza y le obligue a penetrar más en los paisajes interiores del alma. De hecho, si en los escritos de juventud prevalece de algún modo la idea de ver a Dios en todo, en los de madurez la forma varía de la siguiente manera: “Dios está en todo, pero ese todo no es Dios”. La contemplación de Dios en la naturaleza, no es más que un inicio para sacar al alma principiante de su sueño y despertar al sentido del Absoluto.

Es cierto que en todo está Dios; pero como detrás: detrás de lo que los sentidos perciben, los sentidos sienten y las ilusiones sueñan.
Las criaturas humanas han de ser al mismo tiempo amadas y trascendidas.
Él decía: “buena es la criatura cuando es de Dios, pero mejor es Dios”. No hay que ‘quedarse’ en ella.
También decía que se podía tener vida espiritual interior y vida de relación.
cree que para hundirte en Dios tienes que olvidar que estás entre criaturas…, y no es así… qué duda cabe que puedes darte de lleno a Dios y estar en el mundo, sin que el mundo se entere de nada.” Esto que nos dice, le costó mucho a Rafael. Se refleja, precisamente, en una carta redactada dos meses antes, donde al mismo tiempo que habla de sus vivencias espirituales internas, se lamenta de que el trato con las criaturas, es decir, concretamente con sus familiares, cada vez le cansa más.

La regla fundamental del amor a las “criaturas”:
si amas a Dios, tienes que amar a las criaturas; son obra Suya, son su reflejo…”

En su época de madurez siente que Jesús le dice:
ama a las criaturas, que son mías

 Gracias a esta escuela de amor que es el misterio de la Cruz de Cristo, en la que Rafael llegó a ser discípulo cualificado, la caridad sobrenatural hacia el prójimo irá progresivamente encarnándose –aunque no sin lucha- en su corazón.

El desapego afectivo de las criaturas- el apego es un falso amor- no excluye en absoluto el verdadero y desinteresado amor a las mismas, sino que más bien es un trascender su carácter nebuloso para contemplar el puro siempre paisaje de Dios- en- sí.

La plenitud del amor sólo podremos hallarla en aquel que creo el corazón del hombre para saciar su sed en las corrientes Eternas del amor. (Libro, Dios también es amor)

“Dios es Ágape” (1Jn 4,8)

El amor perfecto y verdadero nace de Dios. Dejando atrás los riachuelos que tantas veces bebemos. Con frecuencia contienen impurezas y hasta venenos mortales. Tenemos que navegar y buscar por las profundidades del amor de Dios. (Libro, Dios también es amor)

 Todo es nada, sólo Dios satisface.
Todo es humo (se esfuma) Las flores (se marchitan)
El sol de la primavera (palidece y se torna triste en invierno)
Las aves (se esconden)
Todo pasa el hombre envejece y por fin muere.

 Si bien es cierto que el mundo es un templo inmenso al que Dios ha descendido y en el que se ha encarnado, no es menos cierto, piensa Rafael en un escrito de madurez, que la vida en la tierra no es lo definitivo. Más bien ésta en un lugar de paso y de espera, no todavía el de descanso. Y es perder el tiempo tratar de buscar una morada permanente e instalarse de cualquier modo que sea. Y sin embargo, el hermano comprueba que los hombres se instalan.

 “He paseado por el campo, he visto a los hombres cultivar sus tierras, esperar impacientes sus frutos; sus luchas; sus afanes, pero demasiado apego a todo lo que acaba; sufrir por lo que no dura y es vano, mirar a la tierra como si en ella fueran a tomar asiento y no pensaran en morir…”.

 La verdadera felicidad no está en nada de eso, sino en el amor a Dios, sin buscar apoyo en nada ni nadie.  La Tierra, las criaturas, el monasterio, los monjes, el propio Rafael, las penas, las alegrías, los fríos, los calores, la acción litúrgica… Todo es fugitivo.

Este no decirle ya nada las criaturas no es un mero distanciamiento psicológica con la voluntad, sino un estado interior operado en él por la gracia de Dios, que le va conduciendo paso a paso hacia una experiencia más esencial; cada vez se siente como más lejano de las cosas y las personas, incluso de aquellos a quienes ama y todo se le vuelve “ruido”, hallando paz únicamente en el silencio de todo lo sensible y externo; allá, en su soledad crucificada de la enfermería, donde pasa sus últimos meses de existencia:

Solo en el sacrificio de mi soledad hallo lo que busco”, es decir, la comunión con Cristo.



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