Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-
Vida Cisterciense
Una hermana guía la visita
Fin de semana y festivos de 11:00h a 13:00h y de 16:15h a 17:45hcon cita previa llamando al 947189001
"Una vez salió el sembrador a sembrar". (Mt 13, 3b)
No vamos a ofrecer técnicas, que como dice el autor de La Nube del No-Saber:
“..., las técnicas… se aprenden mejor de Dios a través de la experiencia que
de cualquier hombre en esta vida” (La Nube..., cap. 31; p. 124)
Sin embargo es legítimo desarrollar habilidades y familiarizarse con prácticas que pueden ayudarnos.
Pero no asimilemos métodos sin discriminación previa. El medio mejor será el que más nos ayude.

1. La lectura de la Escritura a menudo se incluye entre las ayudas para la oración.
Leemos el texto, tomamos de él lo que necesitamos y comenzamos nuestra meditación. Así, leer la Biblia se convierte en un paso hacia la oración.
La lectura no es preparación para la oración sino que ella misma es oración. Su característica más sobresaliente es la inmensa reverencia ante la Palabra.
Puestos en este escalón, llegamos al rellano de entrada a donde queremos invitaros en esta reflexión:
«LA LECTIO DIVINA»
PRESENTAMOS A CONTINUACIÓN 6 POSIBLES PASOS
PARA CUIDAR Y NUTRIR NUESTRA ALMA.
PRIMERO: Es necesario que comencemos la lectura convencidos de que existe una profunda afinidad entre nosotros y lo que vamos a leer. No se trata de un lavado de cerebro o de ser abrumados por una doctrina externa, sino de dejar crecer las semillas que ya están sembradas y listas para crecer (Mc 4,14) La Palabra no es algo simplemente externo; está implantada en nuestros corazones (St 1,21). Al escuchar la Palabra estamos cuidando el crecimiento de nuestra vida espiritual.
Lo que es sagrado es nuestra lectura del texto, es decir, acogerlo con un corazón creyente.
El texto en sí posee una sacralidad.
¡Ojo! No caigamos inconscientemente en imponerle nuestros pobres pensamientos.

Una edición con abundantes notas puede ayudar a algunos lectores a penetrar.
Acaba de salir una nueva edición de la Biblia en la que participan más 50 especialistas; presenta la traducción de la Sagrada Biblia de la CEE, enriquecida con introducciones a los distintos libros bíblicos, numerosas citas paralelas en los márgenes…
«LA BIBLIA. ESCRUTAD LAS ESCRITURAS»
https://www.casadellibro.com/libro-la-biblia-escrutad-las-escrituras/9788428573276/17476639

En TERCER lugar, nuestra reverencia por la Palabra de Dios debería crear un sincero esfuerzo de atención.
San Cesáreo de Arlés especifica esto en uno de sus sermones:
«Hermanos y hermanas, he aquí una pregunta: ¿Qué os parece más grande, la Palabra de Dios o el Cuerpo de Cristo? Si contestáis correctamente, dréis que la Palabra de Dios no es menor que el Cuerpo de Cristo. Por ello, así como nos cuidamos al recibir el Cuerpo de Cristo de que ninguna partícula caiga al suelo, así deberíamos cuidar de que la Palabra de Dios que recibimos no se pierda por estar hablando o pensando en otra cosa. El que escucha negligentemente la Palabra de Dios es tan culpable como el que deja caer por negligencia al suelo el Cuerpo de Cristo» (Cesáreo de Arlés, incluido en los sermones de san Agustín de Hipona, 300.2; PL 39, col. 2319c)

Es necesario un poco de esfuerzo para dejar liberada nuestra mente antes de comenzar la lectura santa; aunque algunas interrupciones son inevitables, otras podemos evitarlas. Transformar la lectura en un momento de oración profunda conlleva concentrarnos en el texto, y no dispersarnos.

En CUARTO lugar, nos acercamos a la lectio divina sin agenda, sin preparar lo que esperamos recibir. Como toda oración, la lectura santa es un ejercicio de dedicación. Venimos para dejar que Dios obre en nosotros. Esto implica no estar buscando una receta para nuestros males. Aceptamos lo que viene, sea consuelo o desafío. Dios muchas veces nos niega el consuelo con el fin de corregir esta forma de convertirle en un 'ídolo' y hacer que nuestros corazones sean más receptivos. Dice san Agustín:

La Palabra de Dios nos lleva a una verdad más plena. Es ilusorio intentar controlar LA VERDAD.

Como consecuencia de lo anterior, la reverencia ante la totalidad del mensaje de la Escritura debería hacernos delicados para no tratar la Biblia como una caja de la suerte de donde podemos sacar oráculos al azar. La Escritura no es algo mágico; fue escrita para ser leída por personas inteligentes. No debemos acercarnos a la Escritura de modo selectivo hasta encontrar el fragmento que me “conviene”. Sugiero, pues, que basemos nuestra lectio divina en “libros” de la Biblia. Un libro profundo como el de Jeremías puede llevamos casi un año. Nos acercamos al texto buscando la voluntad de Dios.

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Santa María la Real