Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

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Una ocasión para DAR GRACIAS A DIOS, ALABAR , TESTIMONIAR Y BENDECIR SU NOMBRE

 



Acércate a nuestras raíces- Gertrudis la Magna

Mística cisterciense s.XIII-XIV

FOTOMensajera de la Misericordia divina (1256-1302)

Mensajera de la Misericordia divina (1256-1302)

Joven renana, que contaba tan solo 5 años en su ingreso en Helfta. Fue donada por sus tutores al Monasterio, pues debió ser hija 'bastarda', fruto de alguna relación entre nobles y plebeyos, algo común en su época.

Pasó por las vicisitudes propias de una joven llena de deseos de saber y amar. Tras sus logros en las diversas ciencias humanas, se rinde impotente a la irresistible atracción de Jesucristo.

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Santa Gertrudis, cuya alma adornó el Señor con preclaras virtudes y maravillosos privilegios, siendo ella:
la primera “Confidente” del Sagrado corazón de Jesús,
el “legado” de la divina piedad,
el “Heraldo” del amor divino,
el “Apóstol” del amor misericordioso del Señor para con los hombres.

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«Señor mío- Jesucristo- le decía con frecuencia,- yo os suplico por vuestro Corazón atravesado por una lanza, que traspaséis el mío con los dardos de tu amor.
Luego, sentí que mi oración fue atendida, pues vi que de la mano derecha del crucifijo salía un rayo de fuego como una flecha aguda que hizo una herida en mi corazón, y desde entonces hasta ahora ¡Oh Dios mío! No he notado jamás que os hayáis apartado de mi corazón. Cuantas veces entraba en mí misma estaba segura de encontraros en él, porque habías herido mi corazón con una herida tan profunda, que a pesar de mi indignidad no os apartabais de mí. ¡Oh mi amor, mi Rey y mi Dios! En la hora de mi muerte ponedme bajo la protección de vuestro Corazón divino. ¡Oh amor mío! Mi corazón va hacia el vuestro con un ardor que constituye su tormento, abridme la entrada saludable de vuestro Corazón. Tomad el mío; poseedlo unido a vuestro Sagrado Corazón. ¡Oh! Jesús mío, por mi amor y abierto sin cesar a todos los pecadores, sea el primer lugar de su refugio, y el de mi alma al salir de mi cuerpo
».

 Ejercicio de la CONVERSIÓN ESPIRITUAL:
Este ejercicio es con mucho el más corto de todos, con tono afectivo. Los distintos pasos que recuerdan la primera incorporación a la vida monástica, están usados de una forma libre, y son utilizados para expresar la confianza en el amor de Dios y el deseo profundo que late en Gertrudis, que impulsa a abandonarse en el amor divino, en la “persona” de Jesús visto como Esposo y Amante.

« ¡Oh Dios!, Amadísimo de mi corazón,
ningún fruto espiritual puede hacerse firme
si no está empapado por el rocío del Espíritu, si no lo nutre el vigor del amor.

Que te agrade, pues, tener piedad de mí,
para que me recibas en los brazos de tu amor y
me caldees por completo con tu Espíritu.

Mira mi cuerpo y mi alma: te lo entrego,
para que lo poseas.
¡Amado mío, Amado mío! Derrama tu bendición sobre mí.
Ábreme e introdúceme en la plenitud de tu suavidad.
Te deseo con toda el alma y con todo el corazón y te suplico que solo tú me poseas.



« San León Magno- un papa de los inicios de la Teología en el Occidente cristiano

Monasterio Cisterciense
Santa María la Real


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