Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

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Una ocasión para DAR GRACIAS A DIOS, ALABAR , TESTIMONIAR Y BENDECIR SU NOMBRE

 



Verónica quiere conocer nuestro género de Vida

Hillary no llegó sola, os presentamos a otra aspirante a la vida monástica

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Mi nombre es Verónica Estefanía Romero Piñango, tengo 21 años y nací en Venezuela, estado Carabobo, concretamente en la ciudad de Valencia.
Yo sentí que Dios me llamaba a la vida religiosa a finales del 2012 en un encuentro de chicas del camino neocatecumenal. Fue en este carisma de la Iglesia, donde yo sentí la llamada de Jesús aunque tuvo que pasar mucho tiempo para que yo decidiera seguirle.

 

FOTORecepción de Verónica y Hillary a su llegada al aeropuerto

Recepción de Verónica y Hillary a su llegada al aeropuerto

Al principio cuando me sentí llamada por Dios, sentí miedo y negación, pensaba:” ¿Cómo era posible que yo siendo una pecadora fuera llamada por Dios?”. Decidí ignorar por completo a Jesucristo y sus proposiciones y decidí vivir en el mundo buscando lo que supuestamente para mí, me iba a dar la felicidad, y solo encontraba vanidades que me dejaban completamente vacía.
En la comunidad neocatecumenal, a la que asistía en mi parroquia, me sentía muy bien con todo lo que vivía, pero al mismo tiempo me faltaba algo y ese vacío no se llenaba con nada, por más que intentaba llenarlo con las cosas del mundo. Terminaba peor de como estaba.
Jesucristo siempre me llamaba, insistía, insistía; siempre tocaba la puerta de mi corazón, pero yo siempre lo rechazaba, me parecía feo eso de ser monja, además pensaba que tenía que ser buena para aspirar a ser monja y yo no tenía ninguna virtud, y ni pensar en dejar… mi Familia, mis comodidades, mis amigos, la universidad, mis sueños de ser una profesional, de ser exitosa. Eso para mí no estaba en discusión.
Jesucristo permitió muchos acontecimientos y sufrimientos para que yo pudiera voltear mi vista hacia Él y comprendiera cuánto me estaba amando, lo paciente y misericordioso que estaba siendo conmigo. A partir de ese momento mi vida comenzó a cobrar sentido. Mis gustos fueron cambiando y comencé a investigar sobre la vida religiosa y los santos. Fue en ese momento cuando me topé con Santa Teresita del Niño Jesús. Su testimonio de vida y entrega fueron el motor que me impulsó a optar por Jesucristo.
Después de comprender la llamada tuve que pasar por diferentes dificultades y Dios probó mi corazón con largos días de espera; ahí pude experimentar lo que Él había hecho por mí, lo paciente y amoroso que había sido conmigo. En ese momento mi fe se desplomó; sentía que Dios ya no quería nada conmigo, porque en las experiencias de vida religiosa que tuve, Dios siempre me mostraba con acontecimientos, que ese no era mi lugar. Sentía que mi deseo de entregarme a Él había caducado, que era inalcanzable. Para mi sorpresa, en Julio del año pasado, asistí a un encuentro de jóvenes del Camino Neocatecumenal; en estos encuentros siempre se piden vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa. En ese momento en el que pedían vocaciones, por mi mente nunca pasó levantarme de mi asiento e ir al altar, y para mi sorpresa me levanté y sentí una felicidad que nunca antes había experimentado. En ese momento solo dije: “Señor me rindo, haz en mi lo que Tú quieras”. Le entregué mi voluntad, mis planes y desde ese día he sido muy feliz. Claro, he tenido dificultades y problemas para venir a España, pero siempre supe que Dios estaba conmigo. Después de casi seis meses de espera para venir al Monasterio de Santa María la Real; me llega el correo más esperado, diciéndome que mi visa ya estaba lista y mi pasaje comprado, fue una alegría única. Ya todo estaba listo. Sólo dije al Señor: “Están Rotas mis ataduras; pagadas mis deudas; mis puertas de par en par; me voy a todas partes, me voy a todas partes”.

Hoy a 20 días de encontrarme en este Monasterio puedo decir: “Todo ha valido la pena, me siento muy feliz porque cada día Dios lo hace nuevo para mí; me da la oportunidad de experimentar y conocer a un Dios que no se cansa de darse, que no se cansa de amarme y que siendo grande y poderoso, se hace pequeño para mí; hoy soy testigo de que es mejor estar un día en sus atrios que mil fuera de ellos…”.

Hoy me siento feliz con un corazón dispuesto a darse y a hacer lo que Él disponga para mí; no me queda más que darle gracias a Dios por todas esas personas que fueron instrumento de Dios para que, yo hoy este aquí.
Gracias a la comunidad por su apoyo y acogida, gracias a todas las personas que rezan y comenzarán rezar por mí. Cuento con sus oraciones para que mi vida pueda ser obsequio de Jesucristo y pueda llegar a la Santidad.       Verónica



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