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¡Acércate a nuestra raíces!- San Antonio Abad

Santidad de los que conforman el carisma cisterciense

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Entre los hombres y mujeres que contribuyeron a la consolidación de lo que hoy conocemos por carisma cisterciense, tiene un lugar destacadísimo ¡¡¡Nuestro Antonio!!!, no el de Pádua (o de Lisboa, como diría un portugués, a mucha honra) si no Antonio, el padre del monacato eremítico, o de los monjes que se sintieron llamados a vivir en soledad.

¡Conócelo! No tiene desperdicio...

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«Vende lo que tienes… y luego vente conmigo».

Conocemos de su vida gracias a Atanasio, quien hacia el 357 la escribe animado por la demanda de algunos monjes occidentales; en el año 370 fue traducida al latín por primera vez. Atanasio le había conocido personalmente, y se sirvió también de las informaciones recogidas entre los discípulos del santo eremita. La vida de san Antonio influirá fuertemente en la vida de san Martín de Tours y de muchos otros, incluso en personas cercanas a nosotros como Carlos de Foucauld.libro_Antonio

Os proponemos la lectura de la VITA ANTONII de Atanasio. Sin ánimo de hacer propaganda a ninguna editorial, corresponde al nº 27 de la colección de la Biblioteca Patrística (Ciudad Nueva)
San Antonio nació el año 251 en koma (la actual keman), en el alto Egipto, en el seno de una familia cristiana copta, con propiedades rurales. En ella recibió una buena formación elemental, dentro de un ambiente de cierta cultura.
Cuando murieron sus padres, contaba con poco más de 18 años y se encontraba a la búsqueda de un objetivo para su vida. Entonces le impacto oír en la Iglesia la lectura del evangelio según san Mateo (19,21) cuando Jesús se dirige al joven rico y le dice: «Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, da el dinero a los podres –así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo». Le pareció que el Señor se dirigía a él. El joven Antonio vendió la propiedad paterna y se integró en el grupo de discípulos de un asceta vecino a su pueblo, mientras confiaba la educación de su hermana a un grupo de vírgenes.
San Antonio tiene la fama de haber sido el primer monje. Esta afirmación tiene que ser precisada. San Atanasio lo presenta como el primer asceta que se adentró en el gran desierto, pero no como el primer asceta cristiano.

 EL LARGO PERIPLO DE SU VIDA:

 Primero es presentado como el discípulo de un solitario residente cerca de su pueblo, lejano émulo de los compañeros que se situaban discretamente alrededor de los padres de los tres primeros siglos, y de las “vírgenes” que los Hechos de los apóstoles ya citan y que san Pablo sitúa también en Corintio. La vida religiosa era entonces próspera en Siria- especialmente la femenina- y en Cartago, así como también en el resto del África romana.
Algunas veces aquellos ascetas ya entonces eran denominados «monjes». Por eso no es el iniciador de la vida ascética, entonces entendida como la renuncia al matrimonio, junto a un estilo de vida sobrio y retirado, y tampoco es el primer cristiano que se adentra en el desierto. Las persecuciones obligan a los creyentes a esconderse en los bosques del Ponto, en Palestina, en Egipto.
La vida eremítica de san Antonio no comportaba un asilamiento de la humanidad. Al comienzo de su proceso, continúo su relación con los habitantes de su pueblo, trabajaba fabricando y vendiendo cestos, que a menudo intercambiaba.
A todos los monjes que iban a buscarle les repetía constantemente las misma exhortación: « Creed en el señor y amadlo; guardaos de pensamientos impuros y de placeres de la carne y, como está escrito en el Libro de Proverbios (24,15), no os dejéis seducir por el deseo del vientre; evitad la vanagloria y rezad sin interrupción; salmodiad antes de ir a dormir y cuando despertéis; tened presente los preceptos de la vida de los santos, así armonizareis vuestro comportamiento con unas vidas siempre atentas a los mandamientos divinos».
 En el año 273 aproximadamente se apartó del grupo y fue a vivir solo en un viejo sepulcro, donde estuvo durante trece años. Cuando tenía 35 años, hacia el 286, después de superar muchos “embates del diablo”, decidió practicar una vida ascética más severa y se recluyó en una fortaleza abandonada, en la parte oriental del Nilo. Allí se quedó durante unos veinte años. Veinte años después se instaló en un lugar todavía más apartado, en el monte Pispir. Hacia el 311, Antonio fue a la ciudad de Alejandría para animar a los cristianos que allí eran perseguidos.
Con la paz constantiniana (312-313) e inicio de un periodo de tranquilidad para la Iglesia, se vio asediado de visitantes. Por ello se retira al monte kolsim, en el desierto arábigo, a tres días de camino desde el Nilo. Desde este “monte interior” baja regularmente a Pispir, en el margen derecho del Nilo, para atender a los enfermos e instruir a los que le querían escuchar.
En el 338, a partir de la invitación de los obispos, Antonio, a la edad de los 87 años, regresa a Alejandría para refutar las tesis de los arrianos que diluían la personalidad divina de Jesús.
Murió el 17 de enero del 356, cuando tenía casi 105 años.

 Hasta aquí el recorrido geográfico de este buscador inquieto. Lo completamos con una aproximación de su viaje interior.

 INICIOS Y PROGRESO EN LA VIDA MONASTICA

 Ascesis.¿Cuáles son las ocupaciones y preocupaciones de esta nueva vida de Antonio?
Ante todo la atención a sí mismo y la propia disciplina. Y como medio eficaz de renuncia interior, solo así se recibe el espíritu de la Iglesia y de la Tradición. Y como elementos externos: el trabajo manual, como deber fundamental para alimentarse y ayudar a los necesitados; la lectura lenta y meditada de la Escritura, que busca la presencia viva de Cristo, y la oración que alaba, escucha y suplica a Dios. Esto nos indica que la vida cristiana no es algo estable, sino una fuerza dinámica, una superación, una conquista.

 La Perfección Cristiana está en el Amor.
Se sometió con gusto a los fervorosos que visitaba, se fijaba en la ascesis y virtud de cada uno: en la amabilidad de éste, en la gran austeridad del otro, en la oración asidua del aquel, en la serenidad de unos y en la bondad de otros: observaba las vigilias de algunos y amor de la lectura de otros; percibía la dulzura de éste y la grandeza del alma de aquel otro; y sobre todo imprimió en su corazón el fervor de todos a Jesús.

 Primeras Tentaciones.El camino que lleva a Dios tiene adversarios, estos se personifican en el demonio que tienta y ataca. Sus armas son la confusión, el desorden, la fascinación. Pero el diablo celoso y enemigo de todo bien, no pudo soportar tanta decisión en un joven, y resolvió lanzar sobre el todos sus ataques. Quiso apartarle de la vida ascética, trayéndole a la memoria sus riquezas, el deber de atender a su hermana, sus relaciones familiares, el amor al dinero y a la fama, el placer, el alimento variado y sabroso. En otras palabras, levantó en su alma una densa nube de pensamientos, con el fin de que cesara en su santo propósito. Pero el enemigo no era lo bastante fuerte para conmover la resolución de Antonio.

 Insistir en la ascesis.«El Señor cerraba la boca; nosotros sigamos el ejemplo de los Santos que al ver esto decían: Mientras el impío este ante mí, enmudecí, quedé en silencio y callé aun el bien, y soy como un sordo que no oye, como un mudo que no abre la boca como el hombre que no tiene respuesta. No les escuchemos, ya que no nos interesa; y aunque nos invite a la oración o al ayuno, no les respondamos. Insistamos más bien, en nuestra ascesis, porque actúan siempre sin falsedad. No tenemos por qué temerlos, aunque nos amenacen con la muerte, son débiles o incapaces de hacernos nada malo».

Humildad y Pureza de Corazón.Para conservar la paz del corazón, es preciso discernir los movimientos del alma; el espíritu bueno inspira conformidad con la voluntad del Señor, es fuente de gozo y conduce a la intimidad con Dios. El espíritu malo fomenta la inquietud, el desorden, la tristeza.anton_desierto

 En el corazón del desierto.
La fama de los milagros atrae las muchedumbres: más que su consejo o dirección espiritual, buscan milagros. Antonio se inquieta, y huye del «espíritu del mundo» que le traen los hombres. No rehúye servir a sus hermanos, pero está convencido de que el mejor servicio que puede hacerles es su vida interior.

Apostolado Carismático.
Antonio ha llegado a la perfección del espíritu: de él dimana una belleza espiritual incomparable. Es una criatura trasfigurada por el EspírituSanto.

 La muerte motivo de Alegría.La vida cristiana es un progreso constante de la vida solitaria: desprendido radicalmente del mundo llega a ser ciudadano del cielo, y testigo del Reino de Dios. Su muerte es la etapa cumbre de esta carrera hacia Cristo. Las últimas palabras de Antonio son la síntesis de su vida. Y su fama el mejor elogio del ideal monástico.

 El Encuentro con Dios. Llamó a los hermanos que le atendían en su enfermedad, aquellos dos que habían vivido con él durante 10 años y les dijo: Estoy a punto de unirme a nuestros Padres. Veo que el Señor me llama. Vosotros sed sobrios; no hagáis inútil el fruto de vuestra ascesis; conservad el fervor, como si comenzarais hoy. Ya conocéis a los demonios y sus asechanzas, sabéis que son débiles. No le temáis, sino vivid unidos  a Cristo

 


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